jueves, 12 de julio de 2012

Estrenar nuevo hogar


Chicombre se cambia de hogar, y yo estoy ayudándolo con la mudanza. Ahora vivirá en un bonito piso, muy amplio, no como su anterior casita desangelada y sin apenas muebles, cerca del centro de la ciudad. Aunque a mí me gustaba su pequeño piso alquilado a un yayo, simplemente por los pósters de naturaleza que había ido colgando en su estudio. O por la cantidad de libros de sus estantes a punto de romperse.

Es bonito ayudarle a meter en cajas sus cosas, sus trastos, y que me vaya contando de dónde sacó tal o cual cosa. Me gusta descubrir poco a poco más cosas sobre él. Me dice que antes o después tendré que ir ayudándolo a decorar su nueva casa porque espera que algún día yo también lo llame "hogar". Me gusta haber estrenado su nueva cama entre risas y caricias, y pensar que mañana dormiremos juntos allí, entre las cajas sin desembalar. Me hace ilusión ayudarle a aclimatarse, a redistribuir sus cositas. Me gusta que me pregunte cómo las prefiero, o dónde quedarían mejor sus viejos VHS, o si creo que la televisión cabrá en ése mueble. U oírle decir que tendremos que ir a buscar un par de mesitas de noche para poner lamparitas porque si no, no podré leer en la cama.

A mí esos detalles, que cuente conmigo para estas cosas, me parece más romántico y me ilusiona más que una cena o un poema. Sentir que realmente importo porque me tiene en cuenta sin darse cuenta, o por pequeñas frases y gestos en los que me fijo. Y me gustan tanto o más como que me diga "te quiero". Porque las palabras se las lleva el viento y realmente lo único que queda son los actos de las personas, lo que te demuestran... si sabes ver.

Es bonito estrenar una casa.
O ayudar a estrenarla a alguien que te quiere.

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