martes, 3 de enero de 2012

Nochevieja de la muerte

Este año, por unas cosas o por otras, me pensaba que iba a quedarme sola en la última noche del año. ¡Pero me liaron! (y menos mal, porque reconozco que el WoW me acunaría en sus dulces y virtuales brazos... y eso queda así como feo). 


Mi compañera, llamémosla Osa, me invitó a cenar con ella y con su novio, y con otra pareja a la que no conocía. Como el plan que tenía pensado se fue al garete hacía unos pocos días, acepté aún sabiendo que iba a estar haciendo de Lumiere durante la velada. Pero jopé, ya me perdí mi propio cumpleaños (ya contaré eso en alguna entrada, porque da para hablar de ello) y no iba a quedarme encerrada también el 31 de diciembre.


(menudas coreografías que me monto, 
me quedan bonicas bonicas)

La verdad es que cuando bebí un poco amenicé la velada hablando de The Big Bang Theory y de Juego de Tronos, incluso de El Señor de los Anillos. Me lo pasé bien porque resulta que a ellos también les molaban estas cosas. Cabe destacar que uno de los chicos (el novio de la desconocida) era como si lo hubiera diseñado Tim Burton: alto, espigado, con unas ojeras interminables bajo los ojos más negros y de perro pachón del mundo... vamos, como Vincent Malloy. Y yo me reía "por el vinarro" cuando su novia decía que su peli favorita era la de la Novia Cadáver. Ay, mujer cruel. Eso sí, eso sí, eran muy majos los dos y me cayeron muy bien =)

Después de las uvas y del ridículo de la tía vestida de torero, acompañada por José Mota, empezó a llegar muchísima gente. Nos reunimos como veinte personas allí, incluído mi gran amigo Papaya, con el que estuve de risas toda la noche. Nos meamos de risa con todos, hablando borrachos de El Señor de los Anillos, Potter, Ned Stark,  escenificando 300... cosas de las que no debería hablar una tía con unos taconarros monísimos de la muerte y un vestido bien sessi.Que eso descoloca a la peña. Estuvimos jugando al Rosco, ese juego del infierno, y seguimos bebiendo hasta que despuntó el alba.



Un tal Mario -que me recordaba a Drácula por el pelo que llevaba, así muy peinado,  y su barba de chivo- se pasó la noche dándole la tabarra a una servidora. Pero yo estoy cerrada emocionalmente, y paso de rollos, y por mucho que beba (para su desgracia) jamás pierdo el control. Esque me daba hasta pereza que me tirara los trastos, como hastío. Eso es que tengo tan claro que no quiero nada con nadie que hasta mi propio cuerpo me manda señales.



El tal Mario resultó ser un juez de personalidades parecido a Tyrion Lannister, y me escaneó (más o menos) pero con mucho acierto. Incluso dio en el clavo en cuestiones muuuy muuuy personales relacionadas a los lados más íntimos de mi personalidad. Lo sabía, este tío era Drácula y lee la mente. Pero aún así, no me iba a dejar chupar la sangre. No, ni para un ratito. Que no está el horno para bollos y no quiero que se me quemen los dulces.

Al final, sobre las 8 de la mañana, nos fuimos a dormir. Yo iba a dormir con Papaya (que es gay y le tengo tanta confianza que dejaría que me pusiera el pijama), y no sé aún cómo, pero el tal Mario se nos acopló. Que no quedaban más camas, decía. ¡Menudo, el tío espabilao!

Y ahí nos vemos, los tres en una cama de matrimonio. Papaya, borracho, tirándole los tejos a Drácula,  y Drácula tirándoselos a la Loba. Y entre ellos el ambiente se estaba caldeando, porque por lo visto el vampirillo estaba empezando a dudar si era bisexual  y le seguía el juego a mi amigo. Y no habían más camas. Y yo tensa, pensando en que me iba a tocar dormir en la caseta del perro. ¡Con el puto frío que hacía me veía en el jardín!

Y va y... dicen que estaría bien hacer un trío.





¡¿Que qué?!

Llamadme niña, inocente y gallina. Pero aunque alguna vez haya fantaseado con eso (que todos tenemos nuestras cosillas), creo que estas cosas son como mirar al abismo: que cuando lo miras, te devuelve la mirada. Nononono. Yo no quiero comeduras de tarro, que no os digo que no seáis atractivos (Papaya, no me lo puedo creer!!) pero que no. Gracias por pensar en mí, pero no me veo preparada para dar este paso. La verdad es que... joder, echo de menos el sexo, pero no tanto como para atreverme a saltar del avión sin paracaídas ni nada.

Así pues, seguí el resto de la madrugada charlando como si nada, haciendo caso omiso a las sutiles insinuaciones y rezando para que sus respectivas borracheras no los empujasen a frungir como conejos delante de mí y yo me viera exiliada a dormir en Mongolia. Frontera con Frigidonia.Y hasta que se durmieron no caí sopa yo, que estaba agotada.

Y encima hablé en sueños y los desperté, me lo contaron al día siguiente. Decía: "Papaya, esto no lo grabes, ¿eh? Que de esto la prensa no debe saber nada". A saber mi mente lo que estaría divagando, para mí que mi subconsciente ya estaba preparado para el escarnio público de nuestra lividinosa-no-acción. Y ellos venga la risa.





(joder, lo que no me pase a mí...)







Vamos,  y encima... encima es que ninguno es mi tipo. Esque... es que...

.... ¡Encima, mi tipo es un Guerrero bárbaro melenudo!
¿Dónde voy yo a encontrar yo un Conan? ¿o un Khal Drogo? Desde luego en las fiestas de la Osa no, allí solo hay seres timburtonianos, vamprios cuasi seductores y amigos borrachos que dicen cosas que jamás te esperarías... pero de las que me reiré cuando salgan en la conversación a plena luz del día. Tengo recochineo para rato.


Ay, señor, llévame pronto.

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