sábado, 31 de diciembre de 2011

¡Tú deberías estar estudiando!


Me siento frente a mi café con leche que me hace volver desde el mundo de Morfeo a la Realidad. Otro día más, mis apuntes me hacen compañía y yo no me centro. No puedo pensar en Godoy o en la Real Resolución de 1788. Hay un hueco dentro de mí que intento rellenar con galletas, o con cosas dulces y ricas. Rellenar con chocolate el vacío que se extiende en mi alma, vamos. Muy Bridget Jones todo.


Después de todo, después de grandes desilusiones… a mis casi 22 años, creo que me he hecho adulta en el mal sentido. Me he transformado en una especie de “mujer-ciervo-lobo” que, aunque es fuerte y valiente… no cree que valga la pena esforzarse por las cosas. Si me asusto, intento tener paciencia, pero acabo huyendo. No soy una tía luchadora en cuanto al amor… Intento no colarme cuando no es recíproco, intento no cometer locuras en las que voy a salir escaldada. Pero cuando doy el paso, doy siempre lo mejor de mi, me ilusiono, me entrego sin reservas. Si me devuelves celos, rencor, inseguridad, y estos sentimientos negativos son los que priman entre nosotros, no voy a encarar la situación. Quien se lo guisa se lo come, y aunque aguanto, y lloro, e incluso tengo algo de esperanza en que solo sea “un mal día”… no. Pierdo la fe con facilidad y huyo. Me decepciono, no veo sentido a luchar por algo que te hace infeliz, aunque la otra persona esté decidida a intentarlo de nuevo. La chica-animal desaparece en el bosque.

Tengo mis cosas, como todos. Pero tengo claro que no voy a convertirme en un animal del zoo, encerrado y deprimido. No es mi ideal de pareja y huyo de esto como de la peste. Tampoco voy a hacerle sentir así a ningún chico, no me gusta cortar alas. “Fiel hasta el final a mi libertad”, como decía alguna canción de la que no recuerdo el nombre. Si me siento presionada o enjaulada por celos estúpidos, broncas sin sentido, amenazas de “si vas a ese viaje te dejo”… no. NO. ¿Qué mundo es este? ¿Crees que puedes controlarme como si fuera una niña, como si fuera un perro? ¿me compro un collar a juego con el color de mis zapatitos? No. Soy una mujer, una mujer salvaje y libre. Y no voy a dejar de serlo para meterme en la cárcel en la que quieres encerrarme.

Supongo que no me he valorado demasiado a mi misma, y por eso he acabado con tíos cachazudos en lugar de exigir una compensación justa, en lugar de pedir lo que merezco. Que algunos de ellos son bellísimas personas, pero no son lo que yo busco. Sería egoísta por mi parte quedarme con alguien para hacerlo infeliz… no porque no lo trate bien, porque creo que los trato como a príncipes, sino porque al no llenarme sentimentalmente me voy cerrando en una especie de coraza de sonrisas semi-falsas y miradas de condescendencia. Nadie se merece eso. Se merecen encontrar a alguien que los haga felices y les de todo lo que yo no puedo. Y de paso, que aprendan la lección conmigo y hagan feliz a la futura chica que tengan al lado, que no tengan el mismo error (buah, de aquí a la canonización, eh? Pero lo digo en serio). Antes que hacer infeliz a alguien, prefiero quedarme sola. Y además, porque coño, egoístamente no quiero estar con alguien que no me termina de convencer.

Y cada vez me siento más perdida, porque no encuentro eso que yo llamo AMOR. Supongo que busco algo que no existe, mis expectativas en cuanto a los hombres son muy altas… pero acabo conformándome y creyéndome feliz con tíos que, sinceramente, no me llegan a la suela del zapato. Lo peor es cuando crees que son de una forma y cuando das el paso a “relación de pareja” te ves el pastel: O resultan ser celosos y les molesta que pises la calle, o pasan de ti como de la mierda (hasta que te pierden y entonces a llorar y a suplicar), o en el sexo te ven como un agujerito aunque juran amarte locamente, o se creen que una relación son broncas continuas (en 1mes de relación… no me hagas reír). Me siento mal, todos acaban llorando. ¡Pero más lloro yo, joder, que tengo mucha paciencia y no se la merecen!


Esto se ha acabado, porque me he dado cuenta de que no hago más que hacerme daño y perder la fe en el género masculino. Y eso no es justo. Veo que la vida que quiero llevar no va camino de materializarse. Y he aprendido la lección. Tengo que mirar por mí, por mis ideales y mis metas. No puedo estar más tiempo haciendo el idiota. 

El caso es que... cuando lo pienso, no sé si me doy por vencida o si sigo siendo una luchadora empedernida llena de ideales, que no se resigna a lo primero que encuentra por ahí.  A lo mejor es que sigo en pie y aún más guerrera que antes. ¡Sí, creo que es eso!
 
¿Qué a qué viene todo esto?
Bueno, pues no lo sé. Así soy yo.

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