viernes, 3 de febrero de 2012

Cosas de adolescentes (1)

Como es mi blog personal e intransferible, enteramente de mi propiedad, y me apetece desahogarme un poco y rajar como una maruja, pues haré lo que me pide este cuerpo serrano que los dioses me han dao.

Yo no sé qué especie de locura transitoria padecía de jovencita, que me hacía (casi me obligaba) a pillarme desmedidamente por cuatro raros. En serio, es que me salieron raritos raritos todos. 
 
El primero, el chico que (aiiiis) me dio mi primer beso, un pequeño violinista pelirrojo con ínfulas de ser un genio de la música mundial, que posteriormente me reconoció que no sabía lo que significaban la mitad de palabras raras que decía. Creo que le gusté porque lo corregía (es levioooosa, no leviosáaa), y esas cosas tan lindas del amor pre-adolescente. Tendría 11 o 12 añitos, y yo era una tontaca de cuidado. Le dibujaba tatuajes "to molones" con boli en el brazo que él lucía orgullosamente por la calle. Preciosa historia. Pero 1mes después de conocerlo, se marchó a Soria, y se enfrió nuestro amor tras una madura y compleja relación a base de llamadas perdidas. Ahora creo que está estudiando música y que es un grande de España, aunque a lo mejor se estaba tirando el pisto. Era majo, a pesar de ser un pedante de manual. Pero tiene voz de actor porno y sus llamadas me perturban.

Después, se enamoró de mi el típico gafudito con granos. Se metían con él en el cole, y le llamaban mariquitiqui -y otras cosas más feas que no voy a decir-, y yo iba como una vikinga a salvarlo amenazando a quien hiciera falta. Vamos, una espantaja matona pero en realidad tenía mi buen corazón, siempre me peleaba por la Justicia (como Sailor Moon pero en modo Pressing Catch). Una vez le rompí las gafas adrede por idiota, por dejarse pegar. Era mi mejor amigo. Yo no quería nada con él, y le di calabazas con queso un par de veces, al pobre. Me acuerdo que yo lloraba y todo por la noche, de miedo a que me pidiera salir otra vez. Hasta que empezó a darme ¿celos? con una tía, llamémosla Draca Malfoya -algún día, si os portáis bien, os contaré por qué la llamo así y veréis cómo se merece el puto nombre- y yo, enojadísima por que mi best friend forever and ever me dejara de lado por otra (y encima por ESA!) le dije que sí, que saldría con él. Duró un par de semanas. ¿Queréis saber un secreto? SÍ, ERA GAY. Después de unos años, volveríamos a tener mucha amistad. Y me dijo que yo era de la única persona de la que se había enamorado de verdad en toda su vida. Yo aún no sé si tomármelo como un cumplido o como un insulto... (Cara de Fry)


Mi tercer amor-que-palpita-en-el-corasón de adolescente fue otro pelirrojo, al que apodaremos... musculman. La verdad es que poco tengo que decir de él porque tampoco es que hablara mucho, solo de temas como "proteínas, pesas, gimnasia", "ropa", "mi cara es fea y soy pelirrojo, y por eso me ciclo, lloro", "estoy enamorado de tu amiga". Edad: 15 años. Yo NO SÉ qué vería en esa cosa, porque a mí siempre me cayó muy mal. Había tenido muchas broncas con él porque se metía con gafudito granudo y una vez lo metió en el contenedor, a lo que yo respondí con muchos insultos y sacando al pobre gafudito llorando de su maloliente celda. Y se metía conmigo que flipas, porque no me juntaba con las chonis de mi clase o porque me había leído El Señor de los Anillos tropecientas veces. Era un MAL TIPO, en mayúsculas. El primer tío chungo que recuerdo. Oh, sí, me partió mi corazón de tierna gacelita dos meses después. Me acuerdo que el muy cobarde ni siquiera se atrevía a cortar conmigo, lo hizo a través de unos amigos suyos y diciéndome cosas hirientes por el messenger. Madre mía, lo pienso ahora y me da un puto patatús. Lloré como una condenada, de verdad, lo pienso y no podría haber sido más PAVA. Pero como no volví a llamarlo ni me rebajé, parece que le di donde más le dolía: ese ente malévolo, acomplejado, tenía un ego facilmente deshinchable... y al ver que yo no le rogaba y que ni siquiera me interesaba si seguía con vida, empezó a comerse el tarro. Cuando volví al cole intentó darme un super-regalo de amor que yo no acepté. Le dije que lo tirara a la basura o lo regalara por ahí, que yo no quería nada suyo. UUUUUHHHH!!! ¡Cómo se puso! Me siento bastante orgullosa de ese momento FATALITY cuando le dije que lo tirara a la basura xD Se puso más rojo que su pelo, y yo no sé cómo fui tan valiente como para soltarle la lindeza, con el corazón rotico-rotico como lo tenía. Estalló en furia, y me empezó a gritar, a lo que toda digna respondí que no iba a seguir discutiendo con un idiota. Fatality 2. Tocado y hundido. Me parece que ahora es neonazi y a veces temo por mi vida.


No recuerdo si fue antes o después de Musculman, me enamoré perdidamente (al menos eso recuerdo, las pasé putas) del hijo del jefe de estudios de mi cole. Hablaba gangoso y olía un poco rancio, y tenía la dentadura extraña. Claro que fue uno de esos amores locos y bobos en los que hasta cuando eructaba me parecía el súmmum de la belleza y la elegancia, típico "ay que guapooo, ay que listooo, ay que monoo". Era bastante emo-raro, le gustaba Avril Lavigne y pertenecía a una familia ultrareligiosa de Cristo Apostólico (vamos, de los kikos). Por este sufrí mucho, porque en mi cabeza no entraba cómo podía no atraerle de ninguna manera... Además fue bastante cruel con mis puroz zentimientoz y me utilizó para ganar una apuesta, yo quedando prendada de su ser pensando que estábamos empezando una relación idílica. Al ver que pasaba una semana sin que me hablara, decidí con el pecho sangrante "cortar contigo porque creo que no sientes lo mismo que yo". Qué perspicaz. ¿Queréis saber otro secreto? Gay. Las malas lenguas dicen que soy un convertidor y que yo lo hice así tras el único beso que nos dimos. Gracias, cabrones.

Y el último intenso-amor-adolescente que me apetece desmenuzar hoy es... el Triunfito. ¿Recordáis al musculman? pues toda la autoestima que le faltaba a pelirrojo2 le sobraba a este moreno casi-guapo. Entró de bellezón en el colegio, era el súper-popular, todas las tías detrás suspirando, sacaba buenas notas, era educado... y además perfectamente consciente de su éxito. Imaginaos, el nivel de "creidad" que podía acumular un adolescente así, en Bachillerato. Para más señales, copiaré su estado de whatsup actual (porque sí, yo soy de las que aunque les partas el corazón no borran tus teléfonos, para saber cuándo no hay que pillarlo): soy un dios. Así. Rápido, contundente, directo, humilde. Que diréis algo como "no, eso no significa nada"... creedme: sí, sí que significa. Ese sentimiento de absoluta fe en su misma mismidad, de "porque yo lo valgo", mi peso en oro tendrían que darme de lo hermoso que soy, era su forma de vida. Intereses: el fútbol. Y el fútbol. Vaya. Interesante... Nada más entrar en mi clase se fijó en mí y después de un tiempecito por el messenger hablándonos, empezamos a salir. Mientras yo le ponía ojos de gacela y fantaseaba con nuestro irrompible amor, se estaba zumbando a mi mejor amiga.  Y esto, señores, lo de mi amiga... eso sí que me afectó y mucho. Pero bueno!! eso ya más adelante, que ahora no apetece.


Porque a todo esto yo seguía siendo muy casta y pura, y muy tonta, y muy "cielito con pajaritos, el amor maravilloso", con una autoestima bastante deplorable y con muchas necesidad de recibir cariño. Y creo que esto último fue lo que me mató. Aunque claro, en esa edad... si te habías cogido de la manita con más de un chico eras una guarrilla de cuidado. Pero oye, a mí me la pelaba bastante... ¡Y bien que hacía!

En siguientes entregas... cosas de adolescentes 2. EL DESELACE (¿de qué?)


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